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Los envoltorios desechables, una nueva realidad en el sector alimentario

El plástico es uno de los enemigos a batir durante los próximos diez años. Hace dos años se determinó que para este 2021 en Europa se prohibieran los plásticos de un solo uso, es decir los platos, cubiertos, pajitas, palitos de globos y bastoncillos de algodón. Pero la determinación de la UE es más grande. En 2030 se han propuesto que todos los envases de plástico sean reciclables. Hay mucho que hacer porque hoy en día solo reciclamos el 30% de los envases. 

A nivel mundial aún es peor. Según la Fundación Ellen MacArthur, solamente el 14% de todos los envases de plástico se recolecta para reciclar después de su uso y grandes cantidades se escapan al medio ambiente. La solución es evidente: hay que acabar con la lacra del plástico y crear envoltorios desechables.

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Envoltorios desechables, la nueva realidad del sector alimentario

El packaging no sostenible en el sector alimentario

El 40% de la producción de plástico está destinada al sector del envase y el embalaje. Y gran parte de este embalaje va al sector de la alimentación. Está claro pues que la industria alimentaria tiene un reto que asumir para encontrar nuevos materiales más ecológicos para poder guardar sus productos. 

Si entras en un supermercado cualquiera, te darás cuenta de que la gran mayoría de    envases de alimentación son de plástico: Bolsas de patatas, bandejas con platos precocinados, botellas de refrescos, etc. Una pequeña muestra de los más de 900.000 millones de artículos de comida y bebida envasados anualmente en Europa. 

El sector de los procesados es el que se lleva la palma siendo el segundo más importante en la producción de residuos alimentarios en toda la cadena alimentaria, después de los hogares, siendo responsable del 19% (17 millones de toneladas al año) del despilfarro de alimentos en la UE. Es decir, durante el procesado y el envasado de los alimentos se pierde una cantidad ingente de alimentos. Una causa fatal es la sobreproducción.

Un claro ejemplo está en los envases que se usan para engañar al consumidor como por ejemplo de no terminar de rellenar el envase y vender aire, adjuntar regalos o disminuir el tamaño. Esto puede provocar envasado innecesario e incremento del desperdicio de alimentos.

El Análisis del Ciclo de Vida que se le efectúa a un envase de plástico fracasa por todas partes. Los envases precocinados o de preparación rápida son millones y ni tan solo son beneficiosos para la seguridad alimentaria (por ejemplo, la lechuga envasada crea las condiciones ideales para la salmonelosis). De estos envases los hay que son muy pequeños, envoltorios como sobres o bolsas y representan el 10% de todo el mercado de envasado. Y su potencial de reciclado es nulo. Como el futuro que les espera a todos estos envases. O eso esperamos.

El packaging sostenible en el sector alimentario

El sector del packaging lleva ya unos años investigando el desarrollo de nuevos materiales biodegradables para que todo aquello que deban envasar y empaquetar esté depositado en un sitio seguro y con  el menor impacto medioambiental posible. 

Para la industria alimentaria estas investigaciones se hacen aún  más importantes. El envase que guarde un alimento debe haber sido testado para que dé todas las garantías de seguridad y salubridad. Y no es nada fácil sustituir la fiabilidad del plástico para la conservación de los alimentos. Además la materia prima del plástico está disponible y es barata. Pero las directivas son claras y el ocaso del plástico es cuestión de pocos años.

Así pues, laboratorios y empresas del sector están desarrollando nuevos materiales que ofrezcan las mismas prestaciones que el plástico (o parecidas). Los bioplásticos están cada vez más presentes. 

Un ejemplo es el Shrilk, un plástico biodegradable derivado de conchas de camarón y proteína de seda desarrollado por el Instituto Wyss de la Universidad de Harvard. Pero el material es difícil de tratar para crear envases con las máquinas actuales. 

Otro ejemplo de la innovación en el sector de los envases es RISE, un instituto de investigación sueco. Han creado un prototipo de un recipiente a base de celulosa, casi plano, que los fabricantes de sopa, por ejemplo, podrían llenar con verduras y especias liofilizadas. A medida que los comensales agregan agua caliente, los pliegues de origami del recipiente se estiran en un cuenco completo y completamente compostable. 

Pero en nuestra casa también se están desarrollando soluciones sostenibles para envases alimentarios. Este es el caso de SUMBOX, un nuevo material diseñado por el centro tecnológico LEITAT i Hinojosa, empresa que desarrolla soluciones verdes para el packaging. Con SUMBOX el poliestireno expandido es historia. Las cajas de porex, de plástico o de cartón encerado ya pueden ser sustituidas por cajas con este material que se puede reciclar para hacer papel. El material está preparado para el envase, la conservación  y la distribución de productos frescos, húmedos, perecederos y para consumo humano.

El packaging ecológico en la industria alimentaria debe ser biodegradable, compostable y hasta comestible (pajitas hechas de azúcar y agar, vasos comestibles con base de gelatina y hasta una taza de café comestible). Las empresas de packaging más sostenibles trabajan aplicando la ley de las 3R para que se puedan reducir el número de capas del producto, los procesos de fabricación, los materiales usados y las tintas. Además los envases reutilizables reducen aún más la huella ecológica pues son más usados en cadenas de distribución más cortas y locales.

El presente en el packaging de la industria alimentaria está evolucionando hacia un futuro más sostenible. Pero aún hay muchos pasos que dar para que podamos ver algunos de estos envases en nuestro supermercado de barrio.

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